Enterrados bajo los escombros

Rafael Benavente era el director del Instituto hidrográfico, donde vivía con su familia. Sus voces en la lejanía guiaron a los rescatadores para desescombrar la casa bajo cuyos escombros murieron sus dos hijas. Solo pudo recuperar con vida a su esposa y a su hijo Rafael.

El espíritu de Las Terrazas

El chalé Las Terrazas es uno de los pocos que fue reconstruido después de la Explosión. Allí murió Dolores Amillátegui, la esposa del fiscal jefe de la Audiencia Territorial de Sevilla, Manuel Gandarias, quien emprendió la única acusación particular personada en la causa judicial.

La Explosión, una deuda pendiente

El tribunal de la Armada que se hizo cargo de la investigación de la catástrofe dictaminó el sobreseimiento de la causa, sin identificar responsable alguno. La Marina se investigó a sí misma con el lógico resultado. Sin embargo, las pruebas son determinantes, quedando pendiente al menos una deuda moral.

La cocinera de la Casa Cuna

Francisca Zamorano Gómez, cocinera de la Casa Cuna, llegó a Cádiz buscando un sustento para ella y para sus hijos. El día de la Explosión estaba subiendo por las escaleras hacia su dormitorio, cuando el techo se le vino abajo. Solo le dio tiempo a decir: «Cuidad de mis hijos».

Cartas de la Explosión

Andrés Sánchez Orozco era uno de los dos marineros que custodiaba el almacén de minas que explotó en la noche del 18 de agosto de 1947. Sus restos fueron hallados entre las vías del tren. Estas cartas muestran el esfuerzo de una madre para que las autoridades de Marina les remitieran sus últimas pertenencias.

Un joven superviviente de la Casa Cuna

Manuel Copano Calvo tenía era huérfano de la Casa Cuna y 11 meses el día del siniestro. Junto a su cuna dormía otro niño de su misma edad, llamado Diego, que no logró sobrevivir. Las monjas confundieron a ambos y enterraron a Diego con el nombre de Manuel.